
El reflujo o ERGE (enfermedad por reflujo gastroesofágico) se produce cuando las sustancias del estómago suben a la garganta. Suele comenzar antes de que los bebés tengan 8 semanas y mejora hacia el año de edad. A veces los bebés presentan reflujo sin vomitar, lo que se denomina «reflujo silencioso».
El reflujo puede deberse a diversas causas, tales como un músculo débil entre la garganta y el estómago, intolerancia a la lactosa, alergias u otras enfermedades. Es más frecuente en bebés prematuros, bebés que toman leche de fórmula alta en calorías, bebés con problemas pulmonares o aquellos con problemas del sistema nervioso.
Si tu bebé presenta síntomas
del reflujo, habla con su médico
o con la oficina de WIC.
Si tu bebé presenta estos síntomas, habla con su médico o con la oficina de WIC. Podrían sugerirte que cambies la leche de fórmula por otra más delicada o que elimines los lácteos de tu dieta en caso de estar amamantando. Si cambios sencillos como estos no funcionan, es posible que necesites consultar a un especialista llamado gastroenterólogo, que puede recetarte medicación. Si tu bebé tiene problemas para comer, es posible que necesite acudir a un tera peuta de alimentación. En el caso de los bebés mayores y niños pequeños con reflujo, evita los alimentos y jugos ácidos.
Para aliviar el reflujo, se suele recomendar a los padres que calienten la leche de fórmula, hagan eructar al bebé más frecuentemente y le mantengan en posición vertical durante al menos 20 minutos. Acostarle en posición horizontal o moverle pueden empeorar el vómito. A veces, los padres confunden con hambre el llanto o el masticarse la mano después de vomitar, lo que conduce a una sobrealimentación. Que pasen tiempo boca abajo es importante para todos los bebés que padecen reflujo, ya que esto les ayuda a fortalecer el tronco y a sentarse, lo que puede mejorar el reflujo.